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El Espíritu Santo: El Aspecto Femenino de la Divinidad
Resumen: Actualmente se habla mucho sobre "temas femeninos", particularmente, en contextos sociales y
políticos. Esta creciente conciencia con respecto a asuntos relacionados con el género no fue ignorada por la Iglesia temprana ni por los escritores de antiguos textos religiosos.
Como vemos en este artículo escrito por el Dr. Hurtak, la noción de la feminidad jugó un rol extremadamente importante y significativo en el pensamiento y en el
sistema de creencias de los autores intertestamentales. Lejos de ser los autoritarios defensores del patriarcado, como generalmente se les representa, los descubrimientos más
recientes revelan que tenían una sensibilidad innata y un aprecio por el aspecto femenino de la Divinidad que no se había sospechado anteriormente. Por esta razón, este
artículo, en particular, se convierte en una contribución significativa e intuitiva para la discusión actual del papel de la mujer en los tiempos modernos. Una vez más
encontramos una rica y profunda historia que le da nueva forma al futuro aún cuando éste se despliega ante nuestros ojos.
Una nueva respuesta a la "imagen" del Espíritu Santo está tomando lugar, silenciosamente, en
los círculos eruditos alrededor del mundo, como resultado de los nuevos descubrimientos de las Escrituras del Mar Muerto, las Escrituras Coptas de Nag Hammadi y los textos
intertestamentales de los místicos Judíos que estaban junto con los escritos de la iglesia Cristiana temprana. Los eruditos están reconociendo al Espíritu Santo como el "vehículo femenino" para el
derramamiento del la enseñanza superior y del renacimiento espiritual. El Espíritu Santo juega varios roles en las tradiciones Judeo-Cristianas: actúa en la Creación, imparte sabiduría, e inspira
a los profetas del Antiguo Testamento. En el Nuevo Testamente, Ella, el Espíritu, es la presencia de Dios en el mundo y es el poder presente en el nacimiento y en la vida de Jesús.
El Espíritu Santo fue bien establecido como parte de una circumincesión (n. de t. Presencia recíproca de las tres personas de la Trinidad), asociado en la Trinidad con el Padre y el Hijo,
después de que las controversias doctrinales de las postrimerías del 4º siglo solidificaran la posición de la Iglesia Occidental. Aunque todas las Iglesias Cristianas aceptan la unión de las tres
personas en una Divinidad, la Iglesia Oriental, particularmente, las comunidades Griegas, Etíopes, Armenias y Rusas, no solidifican una fuerte unión de personalidades, sino que ven las
figuras de manera diferenciada pero aún así en unión. Más aún, la Iglesia Oriental ubica al Espíritu Santo como la Segunda Persona de la Trinidad con Cristo como la Tercera; mientras que
la Iglesia Occidental ubica al Hijo antes que al Espíritu Santo. En el Antiguo Testamento y en los Rollos del Mar Muerto el Espíritu Santo fue conocido como Rucah, o Ruach Ha Kodesh (Salmo
51:11), en el Nuevo Testamento como Pneuma (Romanos 8:9). El Espíritu Santo no fue presentado como "Espíritu Santo" hasta la aparición de la Biblia Protestante en la Versión del
Rey Santiago de 1611. En su mayor parte, el Ruach o el Pneuma han sido considerados como la fuerza espiritual o la presencia de Dios. El poder de esta fuerza puede verse en la iglesia Cristiana
como "los dones del Espíritu" (especialmente en los Pentecostales que hablan en lenguas hoy en día). El Espíritu Santo era también una fuente para la guía Divina y fue considerado el Consolador inherente.
De igual manera, en el pensamiento Hebreo el Ruach Ha Kodesh era considerada una voz enviada
desde lo alto para hablar con el Profeta. Por tanto, en el lenguaje de los profetas del Antiguo Testamento, Ella es el Espíritu Divino de santificación y creatividad inherente y se considera que
tiene un poder femenino. "El", como una referencia al Espíritu, ha sido usado en la teología para encajar con el pronombre de Dios, sin embargo, la palabra Hebrea ruach es un nombre femenino.
Así que, referirnos al Espíritu Santo como "ella" tiene una justificación lingüística. Denotar al Espíritu como un principio femenino, el principio creativo de la vida, tiene sentido cuando se
considera el aspecto Trinitario donde el Padre y el Espíritu guían a la Extensión Divina de la Filiación Divina.
Al Espíritu no se le llama "eso" a pesar del hecho de que pneuma en Griego sea un nombre neutro
. La doctrina Eclesiástica considera al Espíritu Santo como una persona, no como una fuerza como el magnetismo. Los escritos de los padres Católicos, de hecho, preservan la visión del
Espíritu que encapsula "la unidad subyacente que hace al individuo parte del Cristo" como la Novia o como la Madre Iglesia. Ambas son aspectos femeninos del Divino. En la Iglesia Oriental,
siempre se consideró que el Espíritu tenía una naturaleza femenina. Ella era quien engendraba la fe. Clemente de Alejandría declara que "ella" es la Novia inherente. Entre las comunidades de la
Iglesia Oriental no hay nada más claro, con respecto al especto femenino del Espíritu Santo, que el corpus de los Gnósticos-Coptos. Uno de sus documentos registra que Jesús dice: "Así lo hizo mi
madre, el Espíritu Santo, me tomó por uno de mis cabellos y me llevó a la gran montaña Tabor [en Galilea]."
El rollo del 3er siglo de la Cristiandad mística Copta, Los Hechos de Tomás, hace un recuento
gráfico del viaje del Apóstol Tomás a la India y contiene oraciones que invocan al Espíritu Santo como "la Madre de toda la creación" y "la madre compasiva", entre otros títulos. Los más profundos escritos Coptos Cristianos vinculan definitivamente al "espíritu del Espíritu", manifestado por Cristo a todos los creyentes, como el "Espíritu de la Madre Divina". Más
significativos aún son los nuevos manuscritos descubiertos en recientes décadas que han demostrado que un mayor número de Cristianos consideraba al Espíritu Santo como la Madre de Jesús.
Uno de los textos es el Evangelio de Tomás, que es parte de los recientemente descubiertos textos
de Nag Hammadi (1945-47). La mayoría se escribieron casi al mismo tiempo que los evangelios en el I y II siglos D.C. En este evangelio Jesús declara que sus discípulos deben odiar a sus padres
terrenales (igual que en Lucas 14:26), pero que deben amar a su Padre y a su Madre como él lo hace, "porque mi madre (me dio la falsedad), pero (mi) verdadera Madre me dio la vida." En otro
documento de Nag Hammadi, el Libro Secreto de Santiago, Jesús se refiere a sí mismo como "el hijo del Espíritu Santo." Estas dos declaraciones no identifican al Espíritu Santo como el vehículo
materno de Jesús, pero más de un erudito ha interpretado que hacen referencia al Espíritu Santo materno.
Hasta ahora, en la teología Occidental tradicional, las voces que defienden un Espíritu Santo
femenino son pocas y silenciosas. Pero para ellas, es una visión teológicamente defendible a la que acompañan beneficios psicológicos, sociológicos y científicos al reconocer "la nueva
supernaturaleza" que se desarrolla dentro de vastos cambios de conciencia que toman lugar en la evolución humana.
El teólogo Alemán Jürgen Moltmann, un pensador muy reconocido en las fuerzas vivas del
Protestantismo, dice: "el monoteísmo es una monarquía." Declara que una idea tradicional del poder absoluto de Dios "generalmente provee la justificación para un dominio terrenal"--- desde
los emperadores a los gobernantes despóticos de la historia, hasta los dictadores del siglo 20. Moltmann promueve una nueva apreciación de las "personas" de la Trinidad y del modelo
comunitario o familiar que presenta para las relaciones humanas.
De acuerdo con el Profesor Nail Q. Hamilton de la Universidad Drew, Escuela de Teología, el
Evangelio de Juan nos muestra cómo "el Espíritu Santo comienza a manifestar un rol materno para nosotros en la aceptación, el amor y la comprensión incondicionales." Dios entonces
comienza a cuidarnos como padre y como madre. Un estudioso Católico, Franz Mayr, profesor de filosofía de la Universidad de Portland, también favorece el reconocimiento del Espíritu Santo
como una presencia Femenina. Sostiene que la unidad tradicional de Dios no tendría que deslavarse para que los estudiosos acepten el lado femenino de Dios. Mayr, que estudió con el
reconocido teólogo Alemán Karl Rahner, dijo que llegó a esta visión durante el estudio de los escritos de San Agustín (D.C. 354-430) quien vio que un número significativo de los primeros
Cristianos debieron aceptar un lado femenino del Espíritu Santo, de manera tal, que el influyente padre de la iglesia del Norte de África castigó esta visión. San Agustín decía que la aceptación del
Espíritu Santo como la "madre del Hijo de Dios y esposa-consorte del Padre" era meramente una perspectiva pagana. Pero Mayr sostiene que Agustín "se saltó el aspecto social y materno de Dios
,"y cree que puede apreciarse mejor en el Espíritu Santo, el Divino Ruach Ha Kodesh. San Jerónimo, un contemporáneo de Agustín, y dos padres de la iglesia de un período anterior,
Clemente de Alejandría y Origen, citaron el Evangelio pseudoepigráfico de los Hebreos, donde el Espíritu Santo está representado como la "figura materna."
Un fresco del siglo 14 en una pequeña Iglesia Católica al sureste de Munich, Alemania, muestra
un Espíritu femenino como parte de la Santa Trinidad, según Leonard Swidler de la Universidad Temple. La mujer y las dos figuras barbadas que la acompañan parecen estar envueltas en un solo
manto y estar unidas por la parte inferior de sus cuerpos mostrando una unión de viejos y nuevos cuerpos de nacimiento y renacimiento.
En conclusión, estamos viviendo en un tiempo de profundos y reveladores descubrimientos
arqueológicos y de antiguos textos espirituales que nos señalan la senda hacia el futuro. Del Cristo mismo se dice que tenía discípulas, como se revela en la literatura Gnóstica y en recientes
descubrimientos arqueológicos de las primeras tumbas Cristianas en Italia. Ya se ha comenzado a reclamar "el Espíritu" del Ruach, que se encuentra en la montaña, en los recientemente
descubiertos textos pre-Cristianos y Egipcios-Coptos de la Iglesia temprana. Al volver a examinar los primeros 100 años de la Cristiandad queda claro que en sus inicios estaba más cerca del
"Espíritu Femenino" del Antiguo Testamento, el Ruach o la amada Shekinah. La Shekinah, distinta al Ruach, era vista como la Presencia Divina inherente que activaba "el nacimiento de los
milagros" o del ser ungido. Por consiguiente, el crecimiento de la Cristiandad tradicional hizo ajustes alternativos de la posición original del "nacimiento de los dones" a medida que la
Cristiandad se comprometía para poder tener el privilegio de convertirse en un sistema.
Las nuevas direcciones de los estudios espirituales y científicos nos muestran que ahora es posible
que el Espíritu Santo, el Ruach Ha Kodesh, sea representado como una presencia femenina, como la presencia inherente de Dios, la Shekinah, alimentando y dando a luz diversas almas para el
reino. El entendimiento espiritual registrado en El Libro del Conocimiento: Las Claves de Enoc, nos recuerdan cuidadosamente que estamos siendo preparados para entender que tal como el
Antiguo Testamento fue la Era del Padre, el Nuevo Testamento la Era del Hijo, esta nueva Era, donde los dones serán derramados, será la Era del Espíritu Santo. Sin embargo, las Claves
también nos dicen que la Trinidad Divina está más allá de las formas antropomórficas masculinas y femeninas. Aquí, nuestra propia naturaleza masculina/ femenina es sólo el símbolo del Divino y
de la manifestación de nuestra vida en el Universo. Y aquí entendemos quiénes somos en realidad, mientras que nosotros, tanto hombres como mujeres, nos preparamos para el renacimiento de
nuestro "Sobreser Crístico", unificado como la unidad subyacente que hace al individuo parte de la Luz, la "Novia, " para el advenimiento del "Novio"—el Cristo.
© 1993 J. J. Hurtak, PhD
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