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Un Manto Verbal como Ciencia Sagrada
A medida que estudiamos la tremenda avalancha de material llamada los Rollos del Mar Muerto, nos preguntamos cuál es
el verdadero significado de este corpus Hermético, este tesoro de conocimiento antiguo. Las claras intenciones de los escritos de los Rollos del Mar Muerto son las de vivificar la fuerza de vida dentro
del creyente individual para que él o ella pueda participar en la ascensión verdadera hacia la existencia conocida como la Creación Divina primordial que ha sido reservada para los humanos.
Al estudiar estos rollos uno se abruma por la vastedad de sus referencias al Espíritu de
Verdad conectado con el Dios del Conocimiento quien está detrás de la conclusión de todo lo que existe. Y todo lo que se deriva de la Divinidad es el Espíritu de la Verdad que
se origina en la residencia de la luz y está conectado con los grandes dones de la poderosa sabiduría: el Espíritu de Conocimiento, el Entusiasmo por el Juicio Correcto, el
Poder de la Pureza, el Caminar con Humildad, y la Reserva de la Verdad de los Misterios. Todos estos dones se encuentran en oposición al Espíritu de la Perversidad
que se origina en un Manantial de Oscuridad, o lo que se llama en el Nuevo Testamento, el Poder del Adversario y las jerarquías alineadas en contra del Hijo del Hombre.
A simple vista, parece haber una dualidad cósmica en los Rollos del Mar Muerto. Sin
embargo, cuando los analizamos con mayor profundidad nos damos cuenta de que el Espíritu de Perversidad y Oscuridad es el espíritu que, de acuerdo a los Rollos del Mar
Muerto, mora en cada creyente y que se debe luchar para vencerlo, para que la Luz brille y él o ella, por tanto, comiencen el ascenso superior a través de la unificación de los
aspectos internos del alma humana con la exteriorización de la Corona Divina de Creación.
En esencia, ya no existe una dualidad cósmica sino un sentido de gran unidad que
emerge tanto en los Rollos de Qumran como del Nuevo Testamento. Esta unidad no es una con el dogma o la teología tradicional de una antropología estática, sino más bien
con el Ser Divino u Hombre Arquetípico llamado por los filósofos Hebreos el Adam Kadmon. Él es la esencia única y divina que es parte del Derecho de Nacimiento Divino
que ha descendido a nuestra existencia terrestre. Las enseñanzas de los Rollos del Mar Muerto y del Nuevo Testamento preparan activamente al creyente, en un sentido
meditativo, para entrar en diálogo Divino y, de manera parafísica, experimentar lo que la Torah dice: "Y Dios sopló en sus narinas un Alma de Vida"(Génesis 2:7) . Pensemos
en esto como la activación de los cinco niveles del Alma, o los cinco cuerpos internos de los que hablan Las Claves de Enoc®.
La palabra alma o Nephesh viene de la palabra raíz en Hebreo nafash, que significa
descansar. Pero en el séptimo día de la creación, aunque el divino descansó (nafash), como leemos en Éxodo31:17, el sustento
del alma en curso continuó. Por tanto, aún
estamos viviendo en la creación del séptimo día preparando a esa Alma para la unidad con la Jerarquía Divina que la rodea en los mundos superiores de esplendor.
El siguiente nivel tiene que ver con el Ruach que es comúnmente traducido como
"espíritu" y que parece llevar las connotaciones de viento, aire o dirección. [El Ruach Ha Koidesh es el Espíritu del Divino]. En el sentido más profundo de los textos de Qumran
es la fuerza del espíritu, o el campo de energía, conectado con el Espíritu de Verdad, que es importante para poder elevar el alma para que vea más allá de la escatología, los
eventos del fin del drama planetario, hacia los mundos superiores de Luz. Para que el alma reciba instrucción de la Torah de manera continua debe ser siempre entendida
estando en disposición de una morada superior de Luz, cuya disposición a la verdad está más allá del alcance de las connotaciones psicológicas humanas, y que existe
dentro de la verdadera presencia del Espíritu Divino.
El siguiente nivel superior es ver la elevación del alma en términos de Neshamah, o el
aliento que es la combinación del alma natural y del Espíritu de Dios. Se crea una síntesis anímica superior de discernimiento y del principio de participación en los
mundos de Luz al mantener el aliento, pero en un sentido más profundo, hace referencia a la habilidad de respirar al mismo tiempo tanto dentro de las dimensiones internas de
la creación humana como fuera de las mismas, en la creación externa superior de los Hijos de Luz, compartiendo, de ese modo, el mismo elemento de Vida.
El siguiente nivel del alma es lo que se llama la Chayah, o la esencia viviente. Este
término se deriva de la palabra Antigua chayut, o fuerza de vida. Es la preparación de la liberación Divina para ir más allá del mundo de atrapamiento histórico hacia el
Cuerpo de Luz de Servicio Divino. En este contexto es que debemos entender la relevancia de los Rollos del Mar Muerto y del Nuevo Testamento que van más allá de la
dualidad y preparan al Cuerpo de Luz del creyente para la Vida en los Reinos Celestiales Divinos de Luz. Los textos de Qumran y del Nuevo Testamento, por tanto,
continúan la tradición de una literatura temprana y una cosmología de conciencia extraordinarias que, de acuerdo a las Claves de Enoc®, está enraizada en la bendición
que le diera Melquisedec a Abraham. Esto, a su vez, preparó, por tanto, a su simiente para participar en los mundos superiores, no simplemente en la carne sino en el Cuerpo de Luz.
Finalmente, el quinto nivel que es importante en la unidad superior con el Hombre
Arquetípico, o el Sobreser, se llama Yechidah. Esta palabra proviene de los términos echad y yichud, que significan la cualidad o estado de ser uno y la unidad. Es decir: ser
uno con la esencia única que son el hombre y la mujer arquetípicos primordiales; estar en unidad con la imagen eterna del ser que sobrevive a la historia y que participa en los
muchos Mundos Divinos; y, finalmente, estar en unidad directa con la Divinidad, más allá de la autoridad doctrinal y a través de la experiencia directa del Espíritu de la
Verdad. Es, por tanto, importante que nosotros reconozcamos que en la tradición de Qumran, así como en el Nuevo Testamento, hay importantes aspectos de desarrollo
espiritual que deben ser enfocados muy cuidadosamente en términos de la actividad supernatural.
Las Claves de Enoc® confirman la ínter conectividad de estas dos grandes bibliotecas de
enseñanza en la afirmación de un Israel o un Mesianismo astrofísico basándose no en la tradición humana sino más bien en el uso del Lenguaje Sagrado, la terminología Sagrada y la experiencia directa.
En Qumran los eruditos encontraron una importante literatura conectada con el estrato
Enoquiano de la tradición histórica y el trabajo con las jerarquías angelicales. El connotado lingüista y erudito Católico Prof. Milik considera que los nombres
angelicales del Primer Libro de Enoc (125-135 A.E.C.) son muy importantes. El dice que el material Enoquiano extra bíblico es tan importante que influenció el tema de los
matrimonies entre los ángeles con las "hijas de los hombres" en la edición y escritura posterior del Libro del Génesis, capítulo 6. La importancia de los 'temas femeninos' que
están conectados con la genética y la sabiduría que aparece en la Literatura de Sabiduría de textos bíblicos y pre-bíblicos del antiguo Cercano Oriente fue luego
repetida en la literatura del Pistis Sophia (120-300 EC) que muestra una tendencia dominante por las enseñanzas femeninas directamente de la boca de su narradora Sophia ("Sabiduría"), tanto en Hebreo como en Griego.
Sin embargo, la misma noción de "espíritu" en un sentido más amplio, está relacionada
también con la idea de Paracleto o Confortador. Es ese aspecto del Espíritu Divino que mora en cercana armonía con la conciencia y el espíritu del creyente. El Paracleto ocupa
un papel tan importante que en el Nuevo Testamento se dice que uno no puede afirmar el nombre de Cristo sin el uso del Paracleto. En este contexto, el Confortador se vuelve en
el iniciador del vehículo completo de Luz. El Paracleto, el equivalente griego de la Shekinah o de la Presencia Shekinah, activa la fuerza de vida dentro del reino del
humano para que el humano, en su nivel físico más básico, reciba las bendiciones de la Divinidad como una corriente constante de energía interna y externa que ocupa los
pensamientos. El Paracleto da testimonio al alma de que somos un hijo o una hija de Dios activando, por lo tanto, un estado trinitizado de conciencia que permite que el
alma se eleve a niveles aún más elevados de conexión y experiencia con la Senda Divina.
En Segundo lugar, el Paracleto rodea al creyente y activa el campo de energía de lo que
las Claves llaman la "fuerza de la semejanza" así que uno se hace conciente de niveles superiores de espiritualidad. En estos niveles superiores uno experimenta el Ruach Ha
Kodesh, la verdadera fuerza del Espíritu Santo como un verdadero vehículo trinitizado que puede dejar el cuerpo del hombre y ascender a mundos superiores donde la persona
es completamente elevada y transformada por el Espíritu de Dios.
Finalmente, en los niveles más elevados, el Paracleto se fusiona con la Neshamah, o el
Alma-Espíritu sintetizada del hombre o la mujer, para que su vehículo pueda recibir y sostener la naturaleza original que se pensó para esa alma antes de su encarnación en la
tierra. En este nivel uno se convierte en un hacedor de Milagros capaz de gran actividad en el uso de los dones del Espíritu Santo. Por tanto, el nivel de la Neshamah,
interconectada con el Paracleto, es la apertura de un umbral a través del cual la persona obtiene un nivel de cercana intimidad con Dios, sintiendo y experimentando al Divino
en todas las direcciones en una intensidad de energía espiritual que no puede describirse con palabras.
De manera similar debemos considerar también la relación entre el Pneuma, el Paracleto
y el Espíritu Santo. El Pneuma o Ruach, como se llama en hebreo, es parte del espíritu eterno más grandioso que está más allá de todas las eternidades y los eones, más allá
de todos los mundos de forma física o comisión divina. El Pneuma representa el oficio continuo de la Divinidad trabajando interdimensionalmente y de manera subatómica
en mundos plurales de creación que son tanto exclusivamente espirituales como combinaciones de lo físico y lo espiritual. El Paracleto, por otro lado, representa el
Oficio de la Divinidad Trinitizada, ese aspecto de Dios, absoluto, supremo y último que ha asumido el deber de activar lo necesario para la salvación de esa parte específica de
la creación física-espiritual que ha caído de las dotaciones de la mente. El Paracleto es, por tanto, el Confortador para las creaciones y los creyentes del alma en los mundos
inferiores donde necesitan las energías de la semejanza, elevación y creación para volver a transmitir la energía espiritual y la síntesis que vincula a ambos----el ser humano y el ser divino---en una unidad divina.
En relación con el Cristo, el Paracleto representa esa envoltura de energía del Espíritu
Creador Eterno que nos da el Manto de la Creación para la imagen de Cristo, o la del Hijo Creador. Como tal nos brinda una cierta consistencia e intimidad con el reino
Divino, no sólo en el universo físico sino en el universo de las formas- pensamiento Divinas. El propósito, por tanto, de activar el Paracleto es el de reconocer dentro de la
historia física una profunda extensión o emanación desde el Oficio del Espíritu que es capaz de dar una codificación específica de información a la inteligencia física para que
ya no esté separada del Divino sino que se reconecte con el Melek-Ha-Olam, o Rey del Universo.
El plan trinitizado del trabajo Supremo, Ultimo y Divino de Dios a través de las varias
trinidades Maestras nos brinda un Plan Maestro de cómo las formas-pensamiento del Súper Universo del Padre se combinan con el universo físico del Hijo Creador de tal
manera que activa una síntesis de voluntad, mente, pensamiento y acción a través del Cuerpo de Luz del Universo Shekinah, el universo dimensional interno, que reúne todos
los elementos necesarios para un anteproyecto determinado, para un Árbol de la Vida o Árbol de Evolución determinado para ser codificado de acuerdo al primer pensamiento
de un Hijo Creador. En este proceso el trabajo trinitizado del Padre, Hijo y Espíritu permite la evolución de los Hijos Espirituales y las Hijas de Luz para que se conviertan
en el objetivo último que contienen las doce energías Sefiróticas inefables para ascender el Árbol de la Vida a mundos superiores de existencia.
Cuando hablamos del Universo de las formas-pensamiento Divinas, nos referimos a un
profundo concepto de la Divinidad como una inteligencia no estática, que se expande y que experimenta la inteligencia que se está expresando a sí misma en plenitud. El Ruach
o el Espíritu de Dios, de acuerdo a las Claves de Enoch®, expresa el universo a través del cual operan las semejanzas, o campos de fuerza sustentadores, que inician y sostienen
todo lo que es transmitido desde la existencia de forma-pensamiento hacia la creación física.
El Ruach, por tanto, es el reino del hiperespacio para que opere la intención y la
extensión de la Divinidad de los Elohim proveyendo de un despliegue del espacio tiempo para las relaciones de causa-efecto de los mundos superiores mientras que posibilita
simultáneamente una unidad entre el patrón de los universos celestiales y los universos físicos que están continuamente siendo diseñados, generados y recreados para miríadas
de formas de actividad creativa espiritual que se originan en el mundo del Padre Divino/Ruach/Shekinah o Presencia Divina.
De acuerdo a Las Claves de Enoc®, es desde estos universos superiores que los mundos
son creados para el Hijo Creador quien, a su vez, se une con el Espíritu para la creación de mundos experimentales y la conciencia de la unidad subyacente que hace a los
individuos parte de los Pueblos de Luz que ocupan nuevos mundos que están destinados para la filiación y la paternidad experiencial que están en proceso de pasar por el
universo penta dimensional hacia la senda de la Creación Superior. La Creación Superior ocupa las 24 dimensiones del universo físico por la profundidad y el
tiempo/espacio de Soberanía, y la profundidad y la expansión del tiempo/espacio del Fundamento, con la profundidad y la interfase dimensional con Empatía/Compasión,
con la profundidad o mente-tiempo/espacio de Dominación, con la profundidad o tiempo/espacio de la Belleza continua, con la profundidad del tiempo/espacio de la
Estructura de la Contención, con la profundidad del tiempo/espacio ininterrumpido de Amor, la profundidad o tiempo/espacio del Entendimiento, la profundidad del
tiempo/espacio de la Sabiduría, y con la profundidad o el magno tiempo/espacio de la Forma-Pensamiento Divina o Corona.
Todas estas relaciones dimensionales de tiempo/espacio y relaciones del continuum son a su vez ubicadas dentro de las operaciones de Miguel, Metratron y Melquisedec en la
activación de los Sephiroth Superiores o un Árbol de Vida activo más allá del Árbol de Vida convencional. Esto le permite a la Divina Presencia, o Shekinah, irradiar Luz
Superlumínica a través de las dimensiones de la nada hacia la Individualidad y hacia el derecho de nacimiento de la creación humana destinada para la transformación del
mundo hacia el Malkuth Celestial o Reino. Finalmente, las relaciones internas del Ruach, la Divinidad, toman lugar a través de la matriz Virgen, o la matriz Shekinah,
como un aspecto femenino del Divino que es ilimitado.
© 1993 J.J. Hurtak, PhD
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